Rut y Noemí

"¡Rut, Ofra,! Venid aquí."

"Te lo digo por milésima vez, mamá, ¡se llama Orfa!"

"Ofra, Orfa, como se llame. Escuchadme, chicas, tenemos que hablar. Ahora que todos los hombres están muertos, no tiene mucho sentido que vosotras dos os quedéis aquí. Aún sois jóvenes y lo bastante ardientes para encontrar nuevos maridos. Pero mi entrepierna está seca. No perdáis el tiempo con una vieja como yo. Yo me vuelvo a Judea."

"Noemí, no digas eso. Aún eres una mujer muy atractiva." Rut alzó la mirada, y siguió las suaves arrugas del muslo de su suegra por debajo de su vestido, subió hasta sus generosos pechos y la abundante cabellera que le caía sobre los hombros. Aunque ya hacía años que había cumplido los cuarenta, Noemí aún conservaba su atractivo. Rut intentaba disimular el brillo lujurioso de su mirada. Ella y Orfa se habían casado con los hijos de esta mujer, pero la verdad era que Rut siempre había tenido secretamente fantasías con aquella seductora mujer mayor.

"Callad. Nada de discusiones. Tengo que comenzar a preparar mis cosas" dijo Noemí. "Dadme un beso y coged la próxima caravana que salga de este pozo de polvo, mientras aún podéis."

"De acuerdo, mamá." Orfa dio a su suegra un rápido besó en la mejilla y no perdió tiempo en partir.

"Ten cuidado de no darte con el borde de la tienda al salir", murmuró Noemí. "Ahí te pudras."

Rut se acercó a Noemí, atrajo hacia sí a la joven y la abrazó. Rut sintió que la cabeza le daba vueltas al respirar la fragancia penetrante de la mujer y sintió la calidez y la suavidad de sus curvas. Luego los labios de Noemí rozaron su oído. "He esperado tanto tiempo para finalmente estar a solas contigo", dijo la mujer mayor con voz ronca. Rut sintió que su corazón se derretía con aquellas palabras y se apretó contra Noemí. Sus labios se unieron en un beso apasionado.

"Jamás te dejaré", dijo Rut. "Te seguiré donde vayas. Ansío tanto estar contigo." El vestido de Noemí se abrió, dejando ver sus pechos aún firmes, con los pezones endureciéndose bajo el aire fresco del final de la tarde. Rut cogió uno de ellos en la boca y lo chupó como un bebé.

"Sí, cariño" gimió Noemí. "Deja que mamá te cuide."

Condujo a la joven hasta la cama, y le empujó la cabeza entre sus piernas. Ésta, ansiosa por complacerla y dejando ir su apetito, devoró, hambrienta la entrepierna que le ofrecía Noemí, lamiéndola y probando la miel que se derramaba. Noemí comenzó a empujar contra la cara de Rut a medida que se acercaba su clímax.

"Mmmmmm", ronroneó Rut, lamiendo los delicados jugos que manchaban su cara. "Tu entrepierna no me parece tan seca como dices."


Rut 1:3-18

[3] Al poco tiempo falleció Elimelec, marido de Noemí, y ésta quedó sola con sus dos hijos.
[4] Ambos tomaron por esposas a mujeres moabitas: una se llamaba Orfa y la otra Rut.
[5] Al cabo de diez años murieron también los dos hombres y Noemí quedó desamparada, sin esposo ni hijos.
[6] Entonces decidió salir de Moab en compañía de sus nueras, pues había oído decir que Yavé se había acordado de su pueblo y les había dado qué comer.
[7] Y Noemí dejó el lugar donde vivía y llevó consigo a sus nueras. Y tomaron el camino que llevaba a la tierra de Judea.
[8] Y Noemí dijo a sus nueras: «Volved a la casa de vuestras madres: Que el Señor sea generoso con vosotras como habéis sido generosa con los muertos y conmigo."
[9] Que el Señor os recompense y os permita encontrar cada una un esposo con quien vivir en paz." Y entonces las abrazó. Pero ellas, llorando, le respondieron:
[10]"No nos iremos, sino que seguiremos contigo y volveremos con tu pueblo."
[11] "Volved a vuestra casa", insistió Noemí, "pues ¿qué ganáis en venir conmigo? Ya no puedo tener hijos para que sean vuestros maridos.
[12] Os repito, regresad a vuestros hogares, yo ya soy vieja para volver a casarme. Y aunque tuviera la remota esperanza de casarme esta misma noche y de tener hijos,
[13] ¿seríais vosotras capaces de esperar a que se hicieran mayores? ¿Renunciaríais por eso a casaros? No, hijas, bastante me ha castigado ya Dios como para añadir esta preocupación por vosotras.
[14] Y ellas clamaban y seguían llorando. Finalmente, Orfa besó a su suegra y se despidió. Pero Rut permaneció con ella.
[15] Noemí le dijo entonces: "Tu cuñada ha vuelto con su pueblo y con sus dioses. Regresa tú también con ella."
[16] Y Rut respondió: "No me obligues a abandonarte ni a dejar de seguirte, pues a donde tú vayas, iré yo; y donde tú vivas, yo viviré; tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.
[17] Donde tú mueras, allí también quiero morir y ser enterrada yo. Que el Señor me castigue como es debido si no es la muerte la que nos separe."
[18] Viendo Noemí que Rut se mantenía firme en su decisión, no quiso insistirle más

 

 

 

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