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Abraham visita a la
doncella
"¡Estéril! ¡Cómo te
atreves a llamarme estéril! ¿Quién dice que no eres tú quien ha
fallado? Tu pobre rama reseca no podría fecundar ni al arbolillo
más joven."
"Sara, cálmate. Sólo he dicho que sería agradable tener un
heredero."
"¡Mira por dónde! Le has echado el ojo a la doncella Agar. No lo
niegues. Te he visto. Ve y derrama tu semilla podrida en ella, a
ver si me importa."

Y esa noche, cuando Sara estuvo
profundamente dormida en su aposento, Abraham llamó a Agar a su
lado.
"Agar", dijo, "ven aquí y siéntate en la cama, hay algo que quiero
decirte."
"Ay, señor Abraham, ¿de verdad cree que debería estar sola con
usted por la noche? ¡Ya sabe cómo es de celosa mi señora Sara!"
"Shhhhhh. No te preocupes. Acércate."
Pronunciando estas palabras, atrajo a Agar hacia él y la besó
apasionadamente.
"Oh, señor Abraham, lo deseo desde hace tanto tiempo", gimió ella,
cuando él le quitó diestramente las calzas. Le fascinaba mirarla
con ese atuendo de criada que siempre llevaba puesto. ¡Cuántas
noches había permanecido despierto soñando meterle mano bajo esa
breve falda suya! Ahora, finalmente sentía su húmeda calidez.
Agar metió la mano bajo la túnica de Abraham y sintió la dureza.
"¿Qué es eso? ¿Será acaso un ídolo de piedra lo que tienes ahí?",
preguntó, mientras se inclinaba y cogía el obelisco de Abraham en
su boca. El disfrutó de aquella lengua experta, pero pronto no
pudo soportarlo más. La levantó y la colocó encima de él.
Cuando penetró la suave humedad de Agar, Abraham tuvo un repentino
pensamiento de cómo la garganta reseca de Sara le recordaba la
arena caliente del desierto, y se estremeció. Agar lo cogió del
cuello y lo montó como un camello, botando arriba y abajo,
haciéndolo penetrar cada vez más profundamente en ella con cada
movimiento.
De pronto, Abraham la cogió y la hizo girarse. Una vez en control
de la situación, la embistió vigorosamente.
"¡Ay, señor Abraham es usted tan fuerte!"
"Ya lo creo, muñeca. Todavía no soy demasiado viejo. ¿Te gusta? ¿Estás
preparada para que plante mi semilla?"
"¡Oh, sí! ¡Sí! ¡Soy tu campo fértil! ¡Esparce tus semillas en mis
entrañas!"
Al pronunciar ella esas palabras, Abraham arrojó el río de semen
que habría de engendrar una nación entera.
"¡Lo tengo, lo tengo!", exclamó ella cuando los dos cayeron
exhaustos sobre la cama.
Génesis, 16: 1-5
[1] Sara, esposa de Abraham, no le había dado hijos, pero tenía
una esclava egipcia cuyo nombre era Agar.
[2] Y dijo Sara a Abraham: "Ya que Yavé me ha hecho estéril, toma
a mi esclava y únete a ella, a ver si yo tendré algún hijo por
medio de ella." Y Abraham hizo caso de las palabras de su esposa.
[3] Abraham llevaba diez años viviendo en Canaán cuando su esposa
Sara tomó a su esclava Agar y se la dio por mujer.
[4] Y Abraham tuvo relaciones con Agar, y ésta quedó encinta. Y
cuando Agar se dio cuenta de que había concebido, comenzó a
despreciar a su señora,
[5] Ésta dijo a Abraham: "Que el error de mi ofensa recaiga sobre
ti. Yo te entregué a mi esclava por mujer, y cuando se ha sabido
embarazada, me ha despreciado. Juzgue Yavé entre tú y yo.» |
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